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jueves, 4 de agosto de 2016

Sánchez-Cuenca contra los intelectuales españoles



A propósito de la lectura de 'La desfachatez intelectual', de Ignacio Sánchez-Cuenca


Este libro ha levantado algo de revuelo porque su autor, el profesor de políticas Ignacio Sánchez-Cuenca, critica la falta de rigor y profundidad de algunas de las plumas de referencia de la prensa española, sobre todo las del diario El País. Hay que reconocer que La desfachatez intelectual, al contrario de otros acercamientos más generales y “políticamente correctos”, no ahorra en nombres propios y apunta sin disimulo a los perpetradores de la estafa: Félix de Azúa, Antonio Muñoz Molina, Fernando Savater, César Molinas, Luis Garicano, Mario Vargas Llosa, Javier Cercas...

Uno se pregunta cuando lee este ataque frontal a los figurones del Grupo Prisa si Ignacio Sánchez-Cuenca habría publicado un libro tan pertinaz si siguiera en la nómina de opinadores de El País, un periódico donde siempre le trataron muy bien y del que se fue por su propia voluntad, según él mismo confiesa. 

A la literatura furibunda y visceral característica de los “machos discursivos” –así llama en algún momento el politólogo a los autores caradura que pone en el punto de mira- responde Sánchez-Cuenca con un análisis reposado y pretendidamente amable y constructivo. Y monta su ataque basándose exclusivamente en las contradicciones y fallos de argumentación que encuentra en la palabra publicada, sin importar si esa palabra se aloja en lo más profundo de la hemeroteca y fue pronunciada varias décadas atrás. “Por tus palabras serás condenado”, parece advertirnos a cada momento Sánchez-Cuenca.

Sin embargo, a pesar de sus buenas intenciones, este libro tiene aire de ajuste de cuentas. Y eso es así en parte por ese énfasis en la literalidad. Siempre con una sonrisa en la boca y con trato exquisito, Sánchez-Cuenca enseña los colmillos para desacreditar una línea de pensamiento –la de los opinadores de referencia de El País- que, en su opinión, se ha ido escorando al centro y la derecha con el paso del tiempo, pero sobre todo desde la irrupción en la escena política de José Luis Rodríguez Zapatero, un político al que el autor tiene en alta estima y que “machos” de la palabra como Félix de Azúa han despellejado vivo.  

El ataque “amable”  y bienintencionado de Sánchez-Cuenca no tiene desperdicio. A Fernando Savater le recrimina el giro de sus ideas sobre el terrorismo etarra en las últimas décadas. A base de escarbar en la “maldita hemeroteca”, muestra la incongruencia del filósofo, que pasó de ver con buenos ojos el independentismo en los años de plomo, cuando ETA precisamente hacía más daño, a convertirse en voz y símbolo del españolismo y comulgar con el discurso del PP cuando la situación, paradójicamente, empezaba a mejorar. De Félix de Azúa critica su tono excesivo, apocalíptico y cascarrabias, propio de lo que Jordi Gracia ha llamado en un panfleto recomendable el “intelectual melancólico”, aquel que ve en el mundo de hoy decadencia y banalidad por doquier, y echa de menos tiempos pasados, más geniales y felices.  

En todo caso, y yendo más allá de las referencias personales (que son la verdadera salsa del libro), el libro de Sánchez-Cuenca llama la atención sobre algunos de los vicios del debate público en España y sobre lo poco o nada que contribuyen los medios de comunicación en España a elevar su nivel. A nadie se le escapa que en este país la opinión en los periódicos está dominada por escritores y periodistas todoterreno que llevan siempre la discusión al terreno que más conocen (sobre todo el tema identitario y territorial) y pasan de puntillas por otras muchas cuestiones por el desconocimiento o por el escaso interés en documentarse sobre las mismas. 

No ayuda mucho a tener debates de calidad el hecho de que el mismo opinador de periódico (o televisión, o radio, o a veces de todo a la vez) aparezca por la mañana hablando de la prima de riesgo o la deuda soberana, al mediodía de la guerra en Siria o del último Premio Nobel de literatura y por la noche del sistema de pensiones en España o de los tratados de comercio internacionales. Sánchez-Cuenca añora las prácticas de los medios anglosajones, donde la figura del santón intelectual que opina un día sí y otro sobre casi todo es más rara y donde los medios recurren más a la visión del experto con una visión más analítica y menos apasionada del mundo. Aunque quizá con la calamitosa campaña del Brexit, esta admiración tenga que ser revisada.  

Se detiene Sánchez-Cuenca en el análisis de la crisis económica que sacude España desde 2008, y se lamenta de las simplificaciones a las que han recurrido desde ese momento muchos autores con el traje del regeneracionismo para explicar la catástrofe. “Merecíamos algo mejor”, dice el politólogo, que, por ejemplo, considera un completo disparate lo que cuenta Antonio Muñoz Molina en Todo lo que era sólido, un libro aplaudido por casi todos cuando salió publicado. Para Sánchez-Cuenca, el novelista de Jaén comete una falta grave cuando se conforma con identificar como razón fundamental de la debacle económica la obsesión de la vida política y mediática española por los debates nacionalistas y guerracivilistas, sin entrar mínimamente en los múltiples problemas financieros que originaron la recesión. También censura el tenebrismo, el noventayochismo y el tono excesivamente quejumbroso del autor de El jinete polaco. En este apartado, también desacredita algunas de las argumentaciones de César Molinas en su muy promocionado ¿Qué hacer con España?, o pone en cuestión la excesiva importancia que dan a los incentivos autores como el propio Molinas o Garicano en sus propuestas regeneracionistas.  
  
El libro de Sánchez-Cuenca es interesante por cuanto cuestiona con datos y trabajo de hemeroteca el discurso de algunas de las vacas sagradas del escenario mediático y editorial de este país. Y, sobre todo, porque más allá del acierto y pertinencia de sus críticas y puntualizaciones, pone en evidencia algunas de las carencias del debate público en España, dominado en muchos casos por una literatura frentista, maniquea y ensimismada, y de atufado aire decimonónico a ratos. Una retórica simplificadora empeñada en perpetuar los fantasmas del pasado, pero que nos aleja de los debates más actuales y carece del rigor analítico que debería dominar en una opinión pública de altos vuelos.


lunes, 21 de diciembre de 2015

Cuestión de incentivos



A propósito de la lectura de 'Recuperar el futuro', 
de Luis Garicano y Antonio Roldán

Este libro de Luis Garicano y Antonio Roldán podría ser uno más de los tantos que se han escrito en España en los últimos años pidiendo un reseteo general del país. Sin embargo, viendo las posibilidades de Ciudadanos de estar en primera línea de gobierno, a pesar del relativo batacazo que se llevó en el 20D, la cosa cambia.

Conviene pues prestar atención a las propuestas de Garicano, gurú económico del partido naranja, y a su colaborador, que ya no son sólo las de un par de profesores bien informados en materia económica, sino que se pueden convertir en guía para abordar en la práctica las tantas reformas pendientes que tiene este país.

En Recuperar el futuro nos encontramos buena parte del programa político y económico de Ciudadanos y su justificación: defensa del contrato único y del complemento salarial para los que menos ganan, formación a la carta para los parados, reforma fiscal para descargar a las clases medias, reforma de la administración que supondrá la eliminación de las diputaciones y una reducción drástica del número de ayuntamientos, eliminación de las trabas a la creación de empresas, reducción de las cuotas a la Seguridad Social de los autónomos…

Luis Garicano y Antonio Roldán, quien es hijo, por cierto, de uno de los redactores del primer programa del PSOE, parten de la idea de que no hay que inventar la rueda o echarlo todo abajo para que este país funcione y supere sus problemas, sobre todo el de la vergonzosa tasa de paro que mantiene fuera del sistema a tantos millones de familias y a uno de cada cuatro personas en edad de trabajar. España no está condenada por designio divino -o cosa que se le parezca- a sufrir lacras como ésta, y está en nuestra manos -vienen a decirnos- revertir la situación, siempre y cuando se toquen las teclas adecuadas.

El modelo no hay que buscarlo al otro lado del Atlántico, sino en el norte de Europa, donde el sistema hace compatibles la eficiencia económica y una política de igualdad y redistribución aceptada por todos. Como ya adelantaba Luis Garicano en El dilema de España, mucho mejor Dinamarca que Venezuela, e incluso que los países anglosajones, donde un discurso a favor del estado del bienestar pagado con fondos públicos tiene un recorrido limitado y suele ser boicoteado por políticos de derechas. 

¿Cómo alcanzar la meta? En la línea de Acemoglu y Robinson en el celebrado Por qué fracasan los países, los autores de Recuperar el futuro nos recuerdan que el desarrollo y el bienestar de una nación dependen sobre todo de contar con una población formada y con unas instituciones sanas, unas reglas del juego claras y una atribución correcta de los incentivos que se ofrecen a los agentes, para que florezcan las buenas prácticas y dejen de ser interesantes las malas e ineficientes. Así, por ejemplo, nos advierten Garicano y Roldán de que la corrupción política no será erradicada o llevada por lo menos a niveles tolerables con el simple reemplazo de los viejos dirigentes por unos nuevos cargados de buenas intenciones y despojados de deudas con el sistema.

A la corrupción institucionalizada hay que responder con una combinación de endurecimiento de las penas, rechazo social y moral para el corrupto y beneficios económicos para el que lo hace bien. En fin, que contra la corrupción funciona mejor un buen entramado institucional que el mero recambio generacional o castigos ejemplarizantes que son flor de un día.

Otro ejemplo de que en España lo que fallan son los incentivos lo encontramos en el mundo universitario, que para los teóricos de Ciudadanos bordea la ruina. Para subir el nivel docente e investigador y acercar la oferta de la universidad a la demanda de la sociedad y las empresas, Garicano y Roldán proponen vincular la financiación a los resultados académicos
y las investigaciones de sus miembros. También una mejor distribución de incentivos debería subsanar defectos en los niveles básicos de educación, lastrados por una inasumible tasa de abandono escolar. En este punto, los autores ponen el énfasis la mejora del profesorado a base de mejores retribuciones para los maestros más capaces y más autonomía en los centros también para, entre otras cosas, contratar a los docentes que más destacan.


En fin, Luis Garicano y Antonio Roldán han escrito un libro de fácil compresión y que va al grano, con la dosis de datos justa para ilustrar los problemas y no convertirlo en un trabajo sólo para eruditos o lectores avezados en materia económica. Es interesante el apartado de notas bibliográficas, donde uno puede encontrar bastante de la literatura que en los últimos 6 o 7 años se ha escrito en todo el mundo sobre meritocracia, cooperación, justicia, calidad institucional, corrupción, tributación, mercado de trabajo o innovación. Recuperar el futuro compendia bien estas aportaciones. Sólo por eso convendría echarle un vistazo.  



martes, 17 de marzo de 2015

Reseteando España



A propósito de "España 3.0", de Javier Santiso

Si uno se da una vuelta hoy por una librería medianamente nutrida, notará que las mentes pensantes del país (o al menos los responsables de las editoriales y sus autores) llevan un par de años metidos en una especie de brain storm para cambiar España. Con afán regeneracionista encontramos en los últimos meses títulos como España/Reset (Joan Subirats y Fernando Vallespín), La oxidada Transición (José Manuel Roca), Democracia de papel (Bonifacio de la Cuadra) o Capitalismo a la española (Juan Pedro Velázquez-Gaztelu). A esos habría que añadir El dilema de España, de Luis Garicano, o Qué hacer con España, de César Molinas, por no hablar de las obras salidas de blogs como Nada es gratis o Politikon.

En fin, que el país se centrifuga en busca de ideas brillantes y solventes. Son los tiempos que tocan porque la crisis ha sido de órdago y nos ha dejado noqueados, y ahora toca encontrar el camino para seguir adelante evitando caer en los mismos errores. Precisamente, a marcar ese camino se dedica Javier Santiso en otro libro de título muy indicativo, aunque poco original: “España 3.0: Necesitamos resetear el país”. Santiso no entran en debates políticos o sociales de manera explícita, y el reseteo que propone es sobre todo económico y empresarial. El profesor del Esade, experto en start-ups y emprendimiento y asesor de compañías como Telefónica, propone cuatro vías para ganar el futuro: educación, innovación, digitalización e internacionalización.

Santiso lo tiene claro. Ahora que tanto se debate sobre el recambio de la construcción como motor económico y sobre la necesidad de reindustrializar España (no sé hasta qué punto es eso posible), él propone dos modelos a seguir: Israel y Corea del Sur. Dos economías agrarias y relativamente pobres hace unas décadas, como la española, y que hoy son punta de lanza en el mundo de la tecnología, cuentan con multinacionales en este campo que exportan a todo el planeta y que además están garantizando la continuidad del modelo gracias a una apuesta decidida por la educación y por la inversión en I+D (¡sólo la firma coreana Samsung gasta tanto en innovación como toda España, y registra incluso más patentes que nuestro país!).

Pero no todo son malas noticias. Santiso cree que en los últimos 40 años España ha dado un salto de gigante y que hoy hay modelos a los que aferrarnos para renovar ese país que creció desbocadamente al calor del boom del ladrillo, y que todavía es altamente dependiente del sol y playa. Santiso siente fascinación por la alta cocina española y ve en Ferrán Adriá o Andoni Luis Aduriz, chef del laureado restaurante Mugaritz, ejemplos claros de esa apuesta por la excelencia, la innovación, el valor añadido y la internacionalización que deberán sostener la España 3.0 que propone. También encuentra esos ingredientes de buen hacer empresarial en las escuelas de negocio de Madrid y Barcelona, que están entre las mejores del mundo y son focos de atracción de talento global. 

Santiso recomienda dejar de cortejar a los empresarios de los casinos y, en su lugar, propone crear visados de entrada para emprendedores extranjeros, ofrecer una fiscalidad atractiva a la inversión y reforzar los mecanismos de financiación para evitar que una buena idea se quede en el camino y no acabe convirtiéndose en una empresa de 1.000 millones de dólares de facturación. Si para Luis Garicano, el modelo era Dinamarca, para Santiso es California, donde los buenos proyectos levantan rondas de financiación millonarias y acaban cristalizando. Al fin y al cabo, el buen tiempo y cierta visión hedonista de la vida ya la tenemos.

No hay línea de texto ni argumento en el libro de Santiso que no esté aderezado con una estadística. Sin embargo, y a pesar de la avalancha de datos, este España 3.0 es de ágil lectura. El libro gana con los apuntes personales y hasta ¡sentimentales! de Santiso, y se disfruta, a pesar del utopismo digital y de ese aire de volumen de autoayuda que exhibe a ratos –“nos tenemos que creer que podemos cambiar”, nos dice en algún momento el autor-.
También permite acercarse al mundo de la innovación en España y saber quiénes están detrás de tantas startups nacionales o impulsadas en el extranjero por españoles, y que en muchos casos son referentes mundiales en su especialidad. Se nota que el del emprendimiento es un terreno que conoce como la palma de su mano Santiso. A este respecto, sólo echo de menos una índice de directivos y empresas al final del libro, para ir a tiro hecho.



lunes, 22 de diciembre de 2014

Los libros que más me han gustado en 2014

Estamos en tiempos de despedidas (de año) y muchos aprovechan para dar cuenta de lo mejor que se ha publicado en los últimos 12 meses . Estas son las joyitas que me he encontrado en este 2014. Espero que a alguien le deparen también buenos momentos de lectura: 






“El balcón en invierno”, de Luis Landero. 

"Pura alegría. Es lo que sentí cada noche, durante una semana, con la lectura de este libro pequeño, pero maravilloso, de Luis Landero, que habla de tantas cosas sustanciales, aunque se nos presenten como menudencias y vaguedades de un recuerdo caótico y fatigado. El balcón en invierno es un libro dolorosamente bello y sincero que nos habla de la lucha de una memoria que se resiste a perecer en ese mar de olvido que es la vida y el paso del tiempo".




“La urna rota”, de los autores del blog Politikon.es


“La urna rota no contiene recetas mágicas y evita los atajos revolucionarios. Hay mucho ganado en las últimas tres décadas, vienen a decirnos sus autores, y ha llegado la hora de dar un paso adelante y consolidar una democracia de más calidad. La democracia es un sistema imperfecto, lento, de prueba y error, pero preferible a mesianismos de izquierda o derecha. El libro rehúye los clichés y las respuestas rápidas y contaminadas por la pasión del debate mediático y entre partidos. Así, recorre los pros, pero también los contras, de las listas abiertas,  del sistema electoral, de las primarias en los partidos, de la democracia directa (sin la mediación de los partidos), de los ensayos de laboratorio previos a la ejecución de políticas públicas o de la inclusión de tecnócratas y funcionarios en los niveles más altos de la administración”.




“Alguien dice tu nombre”, de Luis García Montero

"La España que describe el poeta Luis García Montero en su novela, que se lee de un tirón y gustosamente, es un país conocido por muchos, pero ya difícil de explicar a un chaval de hoy. Un país anclado en el tiempo, amodorrado, provinciano y prisionero de las convenciones, donde un pantalón en unas piernas femeninas era un atrevimiento muchas veces intolerable. Es una España menesterosa, de gente cauta y agradecida por la incipiente riqueza que se empieza a filtrar a las capas más desfavorecidas, más pendientes del pago de las letras del televisor o de la enciclopedia que de aventuras políticas".



“El dilema de España”, de Luis Garicano

"El momento es crucial.  Garicano nos viene a decir que España está ante una oportunidad histórica para engancharse de una vez por todas a la modernidad y la eficiencia europea, o, por el contrario, huir hacia adelante cayendo en el populismo de corte neoperonista y dar como bueno un capitalismo de amiguetes donde la riqueza está del lado del que tiene contactos y las pérdidas del lado de la sociedad. Para que todo el mundo lo entienda, Garicano nos pone en una encrucijada improbable, pero con suficiente fuerza metafórica: Venezuela o Dinamarca. La elección es nuestra".  



“El viento en las hojas”, de José Ángel González Sainz



“Con pocos pero trabajados recursos, González Sainz nos presenta instantes de existencias despojados de cualquier referencia temporal y casi espacial, momentos que, al fin y al cabo, hacen la vida misteriosa, pero plena. Las palabras, su musicalidad e incluso la puesta en cuestión de su sentido son los elementos con los que el escritor crea la tensión que nos mantiene atentos al relato hasta la última línea. El miedo de una madre que ve cómo su hija se acerca al precipicio mientras juega a hacer pompas de jabón; el anciano que anuncia su muerte a sus amigos de tertulia en el café y espera que éstos la acepten como si nada; el padre de familia que es seducido por la embriagadora sonrisa de la vendedora de helados a que acude con su hijo; el excursionista que no sabe cómo abordar el encuentro con otro andante solitario camino del río... Y, como los de Alice Munro, los relatos de González Sainz toman el giro definitivo a la vuelta de una frase, cuando uno menos se lo espera”. 

lunes, 23 de junio de 2014

Ciencia política al rescate de un país contra las cuerdas



A propósito de la lectura de La urna rota, de Politikon.es


En los años de las vacas gordas, la ciudadanía española se olvidó de los asuntos públicos, hipnotizada por la marea de crédito y el supuesto bienestar que traía consigo. Sin embargo, el final del encantamiento, que llegó (a pesar de Zapatero) en 2009, hizo que el país cambiara de actitud y que cualquier sitio -el bar, el aula universitaria, la máquina del café en el trabajo o el taxi- se convirtiera en un lugar propicio para recordar desde la nostalgia los buenos tiempos y también para enredarnos en disputas con cierto aire regeneracionista. Todos, de repente, nos dimos cuenta de que el país, el Estado, las instituciones y la economía, hacían agua por todos lados, de que no funcionaban, y salimos en busca de soluciones. Con más intuición que otra cosa, eso sí.

El mundo editorial vio el filón. Y en estos años la literatura regeneracionista también ha sido abundante en las librerías, dando lugar a títulos que en ocasiones han llegado a trascender para convertirse en bestsellers. Fue en lo que ocurrió en una primera etapa con los panfletos movilizadores de Stephane Hessel o de José Luis Sampedro. Y más tarde con Todo lo que era sólido, reflexión en voz alta de Muñoz Molina sobre la crisis que nadie vio venir, o las novelas Democracia, de Pablo Gutiérrez, y la muy brillante En la orilla, de Rafael Chirbes, quizá el mejor ejercicio de estilo con el descalabro de telón de fondo. O también con el sugerente análisis del jurista Santiago Muñoz Machado. Tampoco han faltado los diagnósticos de los economistas, los verdaderos gurús del momento, y sus recetarios para salir del atolladero. Pienso en los visionarios Santiago Niño Becerra y Nouriel Roubini, en el mediático Paul Krugman, o en libros posteriores de José Carlos Díez o Luis Garicano, cabeza más visible del grupo de analistas reunidos en torno al blog Nada es gratis. En definitiva, ha habido para dar y tomar, y llegarán muchos más, toda vez que la crisis va para largo. Incluso los políticos que llevaron al desastre o que en su momento hicieron bien poco para evitarlo se dieron el capricho editorial: el mismo Zapatero, Solbes, Felipe González, Ramón Jáuregui...

La urna rota también se sube al carro de la regeneración, aunque sus autores son unos desconocidos treintañeros interesados por la sociología, las ciencias políticas y la  estadística, y que combaten los lugares comunes que sufre el debate público sobre el futuro de España desde el blog Politikon.es. El punto de partida del libro es claro: la crisis ha hecho saltar las costuras del país, pero no sufrimos un castigo divino del que no podamos redimirnos y salir fortalecidos. No estamos condenados, por la genética, la historia o la cultura, a tener un país siempre al borde del precipicio. Al contrario, los analistas de Politikon.es aseguran que estamos ante una crisis no tanto económica como institucional, y que se puede resolver si hay voluntad por parte de todos. Han fallado los políticos, el modelo de representación y los resortes con que cuenta la sociedad para sanear la democracia. España es un país fracasado porque sus instituciones no están a la altura y no hay incentivos en las élites y en la propia ciudadanía para que las cosas funcionen. En este sentido, el libro parte de tesis transitadas antes por Acemoglu y Robinson en Por qué fracasan las naciones, aunque allí el análisis de la situación es mundial.

Es de agradecer a los autores de La urna rota el esfuerzo empleado para plasmar las cuestiones y debates en muchos casos académicos con una lenguaje al alcance de cualquiera, sin renunciar por ello al rigor y los datos estadísticos para apuntalar los argumentos. Se nota en la escritura que los promotores de Politikon.es están fogueados por el debate en Internet y la escritura sintética de Twitter. Es un trabajo que localiza los puntos de fuga del sistema, empezando por unos partidos políticos monolíticos y cerrados que compromete la elección de líderes. También analiza el sistema electoral español y la idoneidad de abrir las listas o trasladar a España el sistema mayoritario británico, donde el político electo se debe antes que nada a sus electores. Asimismo, denuncia los estrechos vínculos entre los políticos, sobre todo locales, y la administración, causa de buena parte de los asuntos de corrupción que han aparecido en los últimos años.

La urna rota no contiene recetas mágicas y evita los atajos revolucionarios. Hay mucho ganado en las últimas tres décadas, vienen a decirnos sus autores, y ha llegado la hora de dar un paso adelante y consolidar una democracia de más calidad. La democracia es un sistema imperfecto, lento, de prueba y error, pero preferible a mesianismos de izquierda o derecha. El libro rehúye los clichés y las respuestas rápidas y contaminadas por la pasión del debate mediático y entre partidos. Así, recorre los pros, pero también los contras, de las listas abiertas,  del sistema electoral, de las primarias en los partidos, de la democracia directa (sin la mediación de los partidos), de los ensayos de laboratorio previos a la ejecución de políticas públicas o de la inclusión de tecnócratas y funcionarios en los niveles más altos de la administración.

Aunque las élites son causante de buena parte de los males que aquejan al país, los analistas de Politikon.es creen que el alejamiento de los españoles de la cosa pública ha empeorado la situación y retrasado la llegada de soluciones. La Transición blindó a las élites, en un modelo que va de "arriba abajo", y hoy seguimos padeciendo las consecuencias de ese planteamiento, que ha dejado al país sin contrapesos a los partidos. La sociedad civil española está poco vertebrada y los medios de comunicación se mantienen rehenes del poder. Como resultado, la contestación siempre es puntual, vaga y poco efectiva. El 15-M es un buen ejemplo de ello. E iniciativas como los asociaciones antidesahucio, un motivo para la esperanza.

En fin, estamos ante un buen libro de ágil lectura y que puede ayudar a muchos a poner en el contexto adecuado y sin dogmatismos muchos temas que son tratados con frivolidad en los medios. Y, de paso, elevar el nivel de esas conversaciones regeneracionistas del bar o de la máquina de café del trabajo, a las que tan aficionados nos hemos hecho. Y quién sabe si también a fomentar la participación en unas instituciones y en un futuro que nos pertenecen a todos. 

lunes, 27 de enero de 2014

Entre Venezuela y Dinamarca




A propósito de “El dilema de España”, de Luis Garicano

La crisis ha dejado en España un vago impulso reformista. Está en la tertulia del bar, en los movimientos vecinales (como el de Gamonal, en Burgos), en las mareas verdes y blancas de Madrid, en los rescoldos asamblearios del 15-M, en algunas políticas del Gobierno… Después de unos primeros años de colapso económico en el que proliferaron libros y estudios dedicados a explicar qué nos había pasado, empiezan a aparecer ahora trabajos más orientados a decirnos cómo salir del hoyo. Es el caso de este librito de Luis Garicano, economista de la prestigiosa London School of Economics y colaborador del excelente blog Nada es gratis, de Fedea, un grupo de análisis fundado por Luis ángel Rojo e impulsor de propuestas muy denostadas por algunos como el contrato único indefinido.


Se puede estar más o menos de acuerdo con los economistas de Nada es gratis, pero Garicano y sus colegas se han tomado en serio la tarea de analizar con rigor la situación de España desde que entró en la crisis y aportar soluciones, en algunos casos más allá de la economía, en la línea de una tradición regeneracionista que antes tuvo valedores como Jovellanos o JoaquínCosta.


Garicano es directo e incisivo, y no deja títere con cabeza a la hora de buscar responsables del desaguisado. Dos lacras, en su opinión, ha dejado la fiebre financiera e inmobiliaria que trajo el euro: un país escasamente formado, con un nivel de fracaso/abandono escolar pavoroso; y unas instituciones ineficientes, dependientes de una clase política y dirigente escasamente formada y de cortas miras. Sin educación y sin instituciones de calidad (que rindan cuentas de forma debida y sometidas al arbitraje de organismos reguladores independientes), un país no prospera. Esas son las palancas que, para Garicano, han sostenido el desarrollo de países como Holanda o Alemania, sin ningún recurso natural extraordinario que explotar, pero con un modelo económico y de sociedad al que deberíamos tender.


En la línea de César Molinas, Garicano denuncia todo tipo de corporativismos (conservadores y paralizantes por naturaleza) y el capitalismo castizo que obliga a pasar por el palco del Bernabeú si uno quiere hacer negocios en este país. El modelo a seguir debería ser el de los Zaras, Mercadonas y Mangos, obra de emprendedores periféricos que rompieron esquemas en su sector y aportaron valor, llegando a ser líderes incluso mundiales, y no el de las energéticas, los bancos o las grandes constructoras, una oligarquía reminiscencia de tiempos oscuros, una élite extractiva (Acemoglu y Robinson) que a largo plazo empobrece el país. 

Sin embargo, la situación no es irreversible. España no sufre un castigo eterno de raíz bíblica. Si casi de un día para otro acabamos con el tabaco en el trabajo y en los lugares públicos, y la tasa de muertes por accidentes de tráfico cayó un 80%, todo es posible. Al decir de Garicano, este país tiene solución, por más que la gravedad de la crisis nos haga creer que vamos a seguir en el túnel por el resto de los tiempos. Además, la solución está en casa, en la voluntad de cambio de los agentes. No será fácil, pues tristemente, como recuerda Garicano, “las cosas funcionan mal en gran parte porque, simple y llanamente, a los actores clave no les interesa cambiarlas”. Ahí es donde este libro se presenta más movilizador, toda vez que el autor pide la implicación de todos en el cambio. Eso sí, por el tono y las insinuaciones, Garicano parece desdeñar aventuras revolucionarias y propone un proceso de reformas tranquilo, evitando la amalgama de voces y la confusión del 15-M o la lucha callejera de Gamonal.  


Garicano hace un llamamiento a los españoles para que nos rebelemos exigiendo una clase política a la altura del desafío. No estamos ante un libro de recetas para abordar sólo la salida de una crisis económica, ni otras que puedan venir. Su libro, a pesar de estar escrito por un economista y abordar cuestiones como el boom de la construcción, las deficiencias de la unión europea y del euro o los factores que hay detrás del ritmo de crecimiento de los países, va más allá y propone otro modelo de sociedad. Lograrlo no será cuestión de meses, ni de años, sino de décadas. Requerirá trabajo duro, seguridad jurídica e instituciones transparentes y responsables. Garicano cree que es necesario retomar la dirección que había tomado España hasta mediados de los 90, y que el aluvión de dinero barato que trajo el euro hizo saltar por los aires.


Sobre el terreno, Garicano propone cosas que al político que lo lea le dará sarpullido, como reducir el número de ayuntamientos de 8.000 a 600, lo que supondría que no quedara ninguno por debajo de 20.000 habitantes. También propone que las comunidades autónomas sean responsables de sus gastos ante los electores. O cambiar de arriba abajo la educación y sobre todo la universidad, renunciado a la arraigada pero empobrecedora cultura memorística y a los esquemas de oposiciones actuales, siniestro modelo decimonónico que no garantiza la llegada de los más capaces a los puestos clave del servicio público. También aboga por cambios prácticos y asumibles desde mañana mismo, como retrasar la hora y adaptar los horarios a Europa para hacer posible la conciliación familiar.


El momento es crucial.  Garicano nos viene a decir que España está ante una oportunidad histórica para engancharse de una vez por todas a la modernidad y la eficiencia europea, o, por el contrario, huir hacia adelante cayendo en el populismo de corte neoperonista y dar como bueno un capitalismo de amiguetes donde la riqueza está del lado del que tiene contactos y las pérdidas del lado de la sociedad. Para que todo el mundo lo entienda, Garicano nos pone en una encrucijada improbable, pero con suficiente fuerza metafórica: Venezuela o Dinamarca. La elección es nuestra.  


El dilema de España es un texto incisivo, pero escrito con elegancia y gran capacidad de síntesis, y donde la elección de datos es acertada. Hay rigor, pero los números no oscurecen los argumentos y las ideas que propone Garicano para mejorar el funcionamiento del país y en definitiva, como se nos dice en el subtítulo, “vivir mejor”, que de eso se trata.