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lunes, 22 de junio de 2015

Ficciones y clichés en torno a la Reconquista



'El ejército de Dios', de Sebastián Roa
La novela histórica ha vuelto a florecer en el último decenio, aunque su recorrido viene de lejos y en España cuenta con prebostes como Benito Pérez Galdós, que relató una parte de la Historia moderna del país en sus Episodios nacionales. En la actualidad, nombres como el de Santiago Posteguillo son citados para demostrar que las letras hispanas siguen pariendo escritores especializados en este género. La novela El ejército de Dios (Ediciones B,2015), de Sebastián Roa, podría integrarse dentro de este movimiento, si no fuese porque abusa de la ficción. Hace unos meses, Roa reconoció que en sus novelas no duda en primar la creación literaria frente al hecho histórico, incluso retocando estos últimos. 
Es una postura respetable, si se es honesto reconociendo cuáles han sido las licencias que se han tomado, como hace Roa al final de su extenso libro. Comprendemos la necesidad de la inventiva literaria, pero nuestra opinión es que el desarrollo de este tipo de obras debe ceñirse escrupulosamente a los hechos históricos. Quizá el matiz se encuentre en el marketing editorial, que cataloga como histórica determinadas novelas que no alcanzan esta consideración.
 El escritor aragonés se sumerge en un momento capital y poco conocido por los españoles y europeos: la Reconquista. En el siglo XII, la Península ibérica se encontraba dividida en dos mitades. Desde Toledo hacia el norte, los reinos cristianos se repartían diferentes dominios, guerreando entre ellos por distintas cuitas. De la ciudad imperial hacia el sur, el Imperio almohade era el gran dominador, imponiendo una fe islámica férrea y fanática. 
La Reconquista es un periodo largo, de cerca de 800 años, que se inicia alrededor del año 750, cuando los visigodos que se alojaron tras la cornisa cantábrica empiezan a recuperar las tierras que los musulmanes les habían arrebatado decenios antes. Y el proceso finaliza en 1492, en el momento en que los Reyes Católicos desalojan a rey nazarí Boabdil de Granada. Sebastián Roa decide centrarse en un episodio clave: los años previos a la batalla de Alarcos (1195), perdida por el rey Alfonso VIII de Castilla.
La novela de Roa tiene mucho de ficción y la Historia pasa a un segundo plano. Debemos reconocer el trabajo de Roa, que se ha documentado de forma exhaustiva y hace una recreación exquisita del momento histórico y del contexto. Uno de los puntos positivos de la novela es que relata con precisión la forma de vida medieval en la Península. Sin embargo, la trama discurre lentamente hasta que, pasada la mitad del libro, empieza a descabalgarse y llega a la funesta batalla de Alarcos. 
En un libro de 800 páginas, la demora en estimular el ansia del lector por seguir avanzando puede ser imperdonable. Por otro lado, que la ficción predomine frente a los hechos históricos tiene algunos peligros, como la creación de personajes que acaban siendo estereotipos. Por ejemplo, Urraca López de Haro, la típica femme fatale que es capaz de todo por conseguir sus fines, o Pedro de Castro, el caballero-político enajenado, que acabará siendo uno de los más lúcidos de toda la novela. El problema y la polémica se plantean con el uso de personajes históricos, con vidas delimitadas y esclarecidas por la historiografía, para crear una imagen desligada de sus vicisitudes reales.



La novela histórica, aunque incorpore ficción, es un medio de comunicación y de enseñanza para quien la lee. Muy pocos lectores se pararán a comprobar hechos o datos y darán por verídico lo que encuentren en la obra. Por eso, no es raro que muchos se lleven la impresión de que Urraca López de Haro fue la mayor prostituta del reino de León en el siglo XII. Pero, desde el punto de vista histórico, ¿quién puede aseverar eso? Sebastián Roa es honesto, ya que al final de la novela incluye una nota aclaratoria sobre cuáles han sido las invenciones que ha incorporado a la misma. Sin embargo, el daño ya está hecho y, tras leer la novela y crear una opinión sobre cada uno de los personajes, es difícil desligarse de ese prejuicio.
Con todo, el libro de Roa plantea temas interesantes. Por ejemplo, el paralelismo que se puede establecer entre la radicalidad almohade y la actual amenaza del terrorismo de corte islámico para las sociedades occidentales. Desde luego, los momentos y el contexto histórico son diferentes, pero el fondo del asunto sigue siendo el mismo: la incapacidad del pensamiento islamista más radicalizado para aceptar que puedan existir sociedades y personas que piensen de manera diferente. Y la religión como excusa bastarda de los asesinatos en masa. Otra cuestión importante, y que se ha tratado poco fuera de los círculos académicos, es la vida y riqueza de Al-Andalus, que se intuye en el transcurso de la novela y que Roa insinúa muy bien. Buena muestra de esa cultura islámica racional que imperó en el sur de España se encuentra en los manuscritos de la época y en la arquitectura que preña la geografía del país mediterráneo.
En definitiva, El ejército de Dios es un libro entretenido, con respeto en general por la Historia, pero que peca en variadas, y quizá excesivas, ocasiones de tomarse licencias inadecuadas. No obstante, detrás se adivina la mano de un escritor que todavía tiene mucho potencial y que puede generar obras todavía más interesantes y con un desarrollo más trepidante. Incluso con una extensión por debajo de las 800 páginas.

Originalmente, este post apareció en el portal de viajes Revista 80 días, que dirige David Fernández. 

martes, 23 de abril de 2013

Victus o una epopeya de la resistencia catalana




A propósito de la lectura de Victus, de Albert Sánchez Piñol


Albert Sánchez Piñol, escritor y antropólogo muy apreciado en Cataluña por la novela de ciencia-ficción La Pell Freda, es un catalanista convencido. En una entrevista concedida a Jordi Milian para el famoso blog L’Illa dels llibres, en ocasión de la publicación de Victus (Edicions La campana), Sánchez Piñol, al ser interpelado sobre si encontraba similitudes entre la época de 1714, marco de su novela, y la actual, respondía: “Sí. En el 1714 nos machacaron físicamente. En el 2014, simbólicamente. Pero en el fondo es lo mismo. Lo que quiero decir es que hoy en día, y en la Europa occidental, la violencia del poder se ejerce por otros medios, pero en última instancia el objetivo es el mismo. También debo admitir que yo nunca he creído en el concepto de España...”.

Por si quedara alguna duda, en una entrevista concedida al diario El Periódico, Sánchez Piñol afirma, en relación con la toma de Barcelona por las tropas borbónicas en 1714, que "fue una derrota apocalíptica, una derrota militar e institucional, pero ha dejado un capital simbólico que hoy se puede expresar con orgullo (...) el problema no se ha resuelto. Estos 300 años han sido un paréntesis", tesis que parece avalada por la pretensión del actual Gobierno catalán de celebrar una consulta soberanista en la fecha precisa del tercer centenario del desastre.

Está clara la opinión del autor, ¿contamina con ella la novela? Por supuesto que sí. Una obra literaria no es más que un ejercicio de manipulación, como el propio Sánchez Piñol da por sentado en otra entrevista publicada en La Vanguardia. Con esa idea en mente, cabría describir Victus como una suerte de epopeya de la resistencia de las clases populares catalanas en defensa de sus derechos sociales y políticos contra Felipe V, durante la Guerra de Sucesión.



Pero no nos confundamos, numerosos historiadores coinciden en afirmar que la documentación historiográfica que ha manejado Sánchez Piñol es exhaustiva y que el reflejo histórico de los hechos a lo largo Victus está bien conseguido. Ello no le resta naturalidad a la novela y el relato fluye de manera ágil y amena, pese a las frecuentes y eruditas referencias sobre fortificaciones y asaltos que lo salpican, y todo gracias al tono popular y hasta barriobajero con el que el protagonista, Martí Zuviría, pícaro pero ilustrado ingeniero militar, describe su vida a una caricaturesca amanuense, supuesta escritora de los hechos.

Así, el clásico artificio literario del dictado oral concede a Victus una gran frescura, que se plasma en las descripciones vehementes y las contundentes opiniones de su protagonista. Es, precisamente, a través de esa visión personal de Martí Zuviría donde se refleja la intención política del autor, que hace equilibrios en el filo de la Historia; basten un par de citas de entre las muchas que la novela ofrece sobre el mismo tema:

“En realidad España no existe; no es un sitio, es un desencuentro”...

 “La hidalguía española...la hidalguía española...¡Me tiro un pedo en su hidalguía! ¿Qué teníamos nosotros que ver con esa gentuza? Para un castellano de pro trabajar era una deshonra; para un catalán, la deshonra era no trabajar”

Victus es, en fin, un libro muy atractivo no sólo por su fácil lectura sino también por añadir nuevos argumentos, en forma de mítica gesta histórica, al fuego de la reivindicación de la patria catalana. Ambas circunstancias tienen fiel reflejo en el maremágnum que la Red ofrece sobre la novela, en forma de entrevistas al autor, citas en los más variados blogs, elogios extremados y críticas furibundas (incluso de ciertos sectores culturales catalanes, que reprochan a Sánchez Piñol que el original de la novela esté escrito en castellano). ¿Qué más se le puede pedir a una novela?.

De todo ello he salido tan perplejo y con mis limitados conocimientos históricos tan cuestionados (sigo sin asimilar que 300 años no hayan servido para nada) que mi próxima  lectura va a ser La Guerra de Sucesión de España (1700-1714), de Joaquim Albareda, un reciente y bien considerado ensayo de síntesis que, me aseguran, arroja mucha luz sobre el sangriento conflicto internacional que ensombreció Europa a principios del siglo XVIII y sobre sus profundas consecuencias para Cataluña y, en fin, para España.



domingo, 12 de junio de 2011

Un paseo por la Feria del Libro de Madrid



Cuentos de Chejov. Llegué a Chejov tarde (como siempre) y por el cine (Vania en la calle 42, de Louis Malle), pero me he hecho un adicto y creo que no tiene solución.
Editorial Pretextos


Sobre la tumba del poema. Antología esencial de Leopoldo María Panero.
Editorial Huerga y Fierro

“…oh poema que cuelgas de mis piernas,
oh falo barrido por el viento”.


Cualquier libro de Dietrich Bonhoeffer, cura alemán que fue encarcelado por los nazis en 1943 y murió asesinado por ellos dos años más tarde. Editorial Sígueme.


“La Iglesia permanecía muda, cuando tenía que haber gritado… La Iglesia reconoce haber sido testigo del abuso de la violencia brutal, del sufrimiento físico y psíquico de un sinfín de inocentes, de la opresión, el odio y el homicidio, sin haber alzado su voz por ellos, sin haber encontrado los medios de acudir en su ayuda. Es culpable de las vidas de los hermanos más débiles e indefensos de Jesucristo”.

Lo que yo creo. Hans Kung.
Editorial Trotta


Selección de textos fundamentales de José Luis L. Aranguren. Edición de Carlos Gómez.
Editorial Trotta


El declive del hombre público. Richard Sennet.
Editorial Anagrama


Libertad y prensa. Walter Lippman. A pesar de Internet y las redes sociales, los enemigos del buen periodismo siguen siendo los mismos que hace un siglo.
Editorial Tecnos


Hambre. Knut Hamsun. Una novela que he tenido en mis manos decenas de veces, pero que nunca he leído. No sé por qué. 
Editorial Nórdica


Obra poética completa. Antonio Colinas.
Editorial Siruela

“De repente hoy me pareció que todos los libros que me rodeaban, y en los que aprendí, se habían como congelado, eran de hielo. Mientras, en mi pecho, sentía una fuerte hoguera de amor”  


Relatos Reales. Javier Cercas.
Editorial Acantilado


El desierto de los tártaros. Dino Buzzati. La leí en la adolescencia. Me impresionó. Habrá que volver a ella.  
Editorial Gadir


Al final del amor. Marcos Giralt Torrente.
Me gustó su anterior libro, Tiempo de vida, donde habla del padre perdido, y de los buenos y de los malos momentos que tuvo con él.
Editorial Páginas de Espuma


Sin heroismos, por favor. Raymond Carver.
Editorial Bartleby




Un par de apuntes

Primavera inusualmente verde en el Retiro madrileño. Amenaza de tormenta y lluvia. ¡Cómo no! Lo primero que encuentro es un autor de novela única y sin caseta. Expone con pulcritud varios ejemplares en un banco de madera en las inmediaciones de la feria. Es la autoedición (en papel) que algunos veían como el futuro hace unos años, pero que ahora, con el libro electrónico pisando fuerte, ha perdido fuelle.

Creo que los tesoros de la feria del libro están en las casetas de las editoriales, que muestran allí buena parte de sus fondos. Son esos fondos que, por la vorágine del mercado, raramente encontramos en una librería. Salvo contadas excepciones, las librerías, que también acuden en buen número al Retiro, aportan poco. Casi todas despliegan el catálogo de los 30 o 40 títulos “más vendidos” y dejan poco margen para la sorpresa. Entiendo que quieran rentabilizar la inversión.  

Hay vida más allá de las grandes editoriales. Está en Trotta, Alba, Alpha Decay, Errata Naturae, Blackie Books, Periférica, Bartleby...


lunes, 30 de mayo de 2011

Pensamiento novelado



Cuenta Pilar Reyes, directora de la editorial Alfaguara, que la primera vez que Javier Marías habló de su última obra fue en noviembre de 2009. Entonces, la describió como “una novela pesimista” y el único dato que adelantó fue que por primera vez en sus cuarenta años de carrera literaria estaba narrada por una mujer. Ahora, tras su lanzamiento a principios de abril, ya sabemos más sobre Los enamoramientos, su undécima o decimotercera novela, dependiendo si se considera una sola o no los tres volúmenes que conforman Tu rostro mañana.

Lo primero que sabemos es que la narración corre a cargo de María Dolz, la protagonista, cuya vida va a cambiar a raíz de la muerte de un hombre al que no conoce pero con el que suele coincidir en una cafetería a la hora del desayuno. Su asesinato, a manos de un desequilibrado “gorrilla”, le acercará a su viuda, Luisa Alday, y a su mejor amigo, Javier Díaz-Varela. Desde su quinta novela, El hombre sentimental, Marías ha recurrido siempre a la primera persona para narrar sus historias. 

En esta ocasión vuelve a hacerlo, pero con la diferencia de que se decanta por una voz femenina para articular el relato. El autor ha explicado que lo ha hecho por necesidad, porque la historia no hubiera sido creíble teniendo un hombre como protagonista, pero que en el fondo hace básicamente lo mismo que sus predecesores masculinos en el cargo: “Observar, contar y reflexionar”. 

Y es que, aunque una sinopsis más detallada puede llevar a pensar que estamos ante un thriller, Marías no está interesado en escribir una novela de género. Así, desde las primeras páginas, adelanta mucho de lo que ha sucedido, para centrarse en los que temas que verdaderamente le interesan: “El secreto, las ventajas de callar, la traición, la envidia, la maldad, el azar, la dificultad de conocer la verdad, la impunidad…”. Y uno que sobrevuela sobre todos ellos: la paradoja que se produce al descubrir que la muerte de un ser querido que nos destrozó puede ser incluso una tragedia mayor (“una desdicha absoluta”) si se revela años después que no se produjo. Como fondo de esa reflexión, Marías recurre a la novela El coronel Chabert, de Balzac, que cuenta la historia de un coronel napoleónico que fue dado por muerto y que reaparece años después ante su mujer, casada de nuevo al creerse viuda.


Todos esos temas conforman el barniz pesimista al que se refería el autor, pero también se debe subrayar que hay ciertos resquicio para la ironía, como cuando tira piedras contra su propio tejado al detallar lo maniáticos que pueden llegar a ser los escritores (uno pedirá dos gramos de coca a la protagonista, que a la sazón trabaja en una editorial, porque “esa noche los va a necesitar el libro” que está escribiendo) o al incluir un personaje real y tan pintoresco (o así lo describe) como el profesor Francisco Rico junto a otros de ficción. Además, también hay espacio para que los lectores que siguen su columna semanal escuchen de forma indirecta la voz del autor, por ejemplo, cuando califica a la ciudad de Madrid de negligente o compara al presidente francés con Louis de Funès.

En definitiva, Marías celebra sus 40 años de vida literaria con una novela marca de la casa, en la que las digresiones y reflexiones (incluso llegamos a escuchar las supuestas meditaciones del asesinado) trasladan a un segundo plano una trama quizás no muy original pero ciertamente entretenida. Aunque es difícil que iguale en alabanzas a las cosechadas por su trilogía anterior, la gran baza de Los enamoramientos es que resulta más accesible, y no porque sea simple, sino por la genialidad de Marías a la hora de poner sobre el papel lo que él denomina “pensamiento literario”, esa manera tan suya de pensar literariamente sobre cualquier cosa. Seguro que muchos lectores que se vieron superados por su personal Negra espalda del tiempo o por la descomunal Tu rostro mañana disfrutarán reencontrándose con esa prosa tan genuina.

Los enamoramientos
Javier Marías
Editorial Alfaguara
408 páginas
19,50 euros          

domingo, 29 de mayo de 2011

El mundo de ayer



Un inciso: la editorial Seix Barral organizó un encuentro con Muñoz Molina en el salón de actos de la Residencia de Estudiantes de Madrid. El escenario venía al pelo, pues la sobrecogedora historia de amor que vertebra La noche de los tiempos tiene su punto de partida en ese preciso lugar en un remoto día de 1935, cuando ya la radicalización de los discursos dejan entrever que la Segunda República tiene los pies de barro.

Esa noche de noviembre, Muñoz Molina, en vez de “vender”  su libro (para eso la editorial le había llevado allí), se pasó más de una hora agradeciendo a aquellos que le habían inspirado las casi mil páginas de su novelón. Lo que contó con desenfado el autor, una retahíla de anécdotas chisposas y experiencias que ocuparon su vida en los últimos tres años, un tiempo en el que buceó con obstinación, de forma obsesiva, por novelas, libros de historia, memorias, cartas y lugares reales (una casa en el centro de Madrid, una playa de Cádiz, un viaje en tren desde Nueva York…), bien valdría otro relato de semejantes proporciones, aunque en esta ocasión en primera persona. Quizá algún día lo aborde.  

Como ya hiciera en Beatus ille, Beltenebros, El jinete polaco o El viento de la luna, Muñoz Molina vuelve a construir su relato alrededor del capítulo más negro de la historia de este país. Sin embargo, no lo hace sobre los rescoldos de la contienda y los odios y humillaciones que llegaron más tarde, sino que adelanta el punto de mira y se centra en sus precedentes, en lo que pasa en España en los meses inmediatamente anteriores a la sublevación del 17 de julio.

Un idilio, un adulterio, el que mantienen un arquitecto de origen humilde pero venido a más y una joven americana con veleidades artísticas de paso por España, es el pilar sobre el que se sostiene La noche de los tiempos. Desde los quiebros de ese amor (y no al revés) es desde donde Muñoz Molina va componiendo el retrato de una época convulsa, donde los fanatismos, de derechas y de izquierdas, van sobreponiéndose al discurso individualista, moderado y pragmático del protagonista o de su mentor, Juan Negrín, que también aparece en la novela. La tragedia del exilio y los sentimientos, de desarraigo, de culpa pero también de liberación, a los que dio lugar en tantos y tantos que tuvieron la suerte o la desgracia de emprenderlo, también ocupan muchas páginas del libro. 

Como es marca de la casa, Muñoz Molina, que está en posesión de un magistral dominio del tiempo novelístico, ha escrito un libro a ratos reposado, prodigiosamente adjetivado y de frases interminables. En La noche de los tiempos lleva al extremo su obsesión por el detalle, no sólo psicológico, sino físico. El autor practica un puntillismo literario que le permite dar cuenta de hasta la última mota de polvo que se columpia por la escena. Es una labor de entomólogo que irritará a más de un lector, pero que hará las delicias de los que han venido disfrutando hasta ahora con sus novelas.  


La noche de los tiempos
Antonio Muñoz Molina
Editorial Seix Barral
24,90 euros
958 páginas