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lunes, 3 de febrero de 2014

En el taller de Isabel Allende



A propósito del lanzamiento en España de "El juego de Ripper"

C. A. G.

Aunque de baja estatura y constitución menuda, Isabel Allende no responde al prototipo de septuagenaria frágil. Nos recibe, junto a otros cuatro medios, en una suite del hotel Ritz de Madrid, en la que ejerce de perfecta anfitriona, ofreciendo algo para tomar o preocupándose por que nadie se salte el orden a la hora de preguntar.

La escritora ha pasado tres días en España promocionando El juego de Ripper, su última novela, un thriller que nace por encargo y que traslada a los lectores a San Francisco, ciudad en la que una astróloga televisiva ha vaticinado que habrá un baño de sangre.
“La idea de escribir una novela policial se le ocurrió a mi agente, a Carmen Balcells. Yo le dije que pensaba jubilarme, que ya estaba cansada y le bajó el pánico. Y me dijo no, tienes que escribir una novela a cuatro manos con tu marido. Y como lo que escribe Willie es novela policial, dije que me podía acomodar a lo que él hace. Empezamos a planear una novela juntos, pero ya el primer día vimos que no podía ser (…) Yo iba a hacer todo el trabajo y él se iba a llevar toda la mitad del crédito. No era muy conveniente para mí. Así que nos separamos y él empezó a escribir su sexta novela policial y yo la primera“, explica la autora sobre el germen del texto.

No obstante, reconoce que durante su elaboración contó en todo momento con la ayuda de su marido, el escritor William C. Gordon. “Cuando empecé a escribir la novela, no sabía por dónde iba y él me dijo: `tiene que haber un muerto en la primera página´. Luego, cuando empezamos a discutir distintas partes del libro, también me ayudó a mantener el suspense. Me decía: `no puedes decir eso ahora; si lo dices ahora, van a adivinar quién es el asesino; tienes que guardar eso, pero tienes que poner la clave".

Para la escritora chilena, la novela policial es un contrato entre el lector y el autor a ver quién gana. “Es un juego. Yo como autor te entrego una historia y tengo que darte todas las claves para que tú adivines el final, pero te tengo que distraer para que no las veas. Esas claves tienen que estar escondidas. Y si eres un lector avispado, las vas a encontrar, no importa cómo yo las esconda”, explica.

Allende no cree que exista una fórmula para escribir este tipo de novelas, aunque sí que este género tiene una estructura. “Siempre vence la justicia, hay que mantener el suspense, hay que plantear todas las claves para que el lector las tenga, pero no las vea, distraerlo. Todo esto son requerimientos del género”, responde la autora chilena, para después apuntillar que en el libro hay mucha burla. “La novela está escrita con ironía. Me burlo de las novelas escandinavas, me burlo de muchas cosas. ¿Quién va a tomar en serio la novela policial? Es muy entretenido, pero tampoco vamos a darle un peso transcendental”.

Gente fuerte que vence obstáculos
A pesar de atenerse a las reglas de la novela negra, muchos lectores le han comentado a Allende que nada más empezar a leer la novela se reconoce su voz inmediatamente. “Me ceñí al género, pero eso no significa que tenga que escribir como Stieg Larsson. No. Es una novela que sigue siendo mía, con los temas y personajes que a mí me interesan“. ¿Y qué personajes le interesan? “La gente fuerte que vence obstáculos. Los marginales. Los que no están protegidos por el gran paraguas de la sociedad. Esos son los que me interesan, porque ahí está la historia que vale la pena contar”.

En esta ocasión, la historia está protagonizada por una sanadora hippie, su hija adolescente y aficionada a los juegos de rol, su padre, su ex marido (el policía que está a cargo de la investigación de los distintos asesinatos), su amante actual, un amigo ex navy seal y el perro de este, Atila.

Ante tanta variedad, le preguntamos cómo trabaja los personajes, si se vale de referentes que tiene a su alrededor o los busca, y si emplea fichas en las que va anotando ideas que le ayuden posteriormente. “A veces, hay un modelo que ya conozco. Por ejemplo, el modelo de Indiana es una sanadora argentina que se llama Ana Cejas, una bruja buena. Otras veces necesito el personaje. Aquí necesitaba un héroe. Pensé en un soldado. Estaba muy de moda los navy seals y pensé en un navy seal, pero son muy secretos. A través del amigo de un amigo de un primo conseguí un navy dispuesto a hablar. Así que me fui a Washington, conviví con él durante tres días y le chupé la sangre. Me sirvió para el personaje. Otras veces van saliendo a medida que los necesito. No hago una ficha para cada uno, pero, cuando lo menciono, ya empiezo a imaginarlo: cómo vive, cómo fue su pasado, qué le gusta, qué no le gusta".

Su propia nieta Andrea también le ha servido de inspiración para el personaje de Amanda Martín, la joven que, con la ayuda de sus amigos del juego de rol Ripper, ayudarán a encontrar al asesino en serie que ha secuestrado a su propia madre. “Había empezado la novela pero no sabía hacia dónde iba. Lo único que sabía era que quería burlarme un poco del género y que fuera una novela que tuviera humor e ironía, y que fuera una novela de relaciones, aunque también de crímenes. Y en eso vi a mi nieta Andrea jugando sola en la cocina con unos naipes y unos dados. Me dijo que estaba jugando en línea a un juego de rol. Me explicó qué era, me dijo que los otros estaban jugando por Skype. Me pareció fascinante la idea. Ella me dio la idea del juego de Ripper, pero además el personaje se parece mucho a Andrea cuando tenía 16-17 años”.

Preguntada si le podrían servir de inspiración las mujeres que en Latinoamérica lideran proyectos políticos, la escritora piensa inmediatamente en la presidenta de Chile. “La historia de Michelle Bachelet es una novela. Ójala ella misma algún día la escriba, porque es un personaje extraordinario. Pero, esas vidas no me pertenecen. Les pertenecen a las personas que las están viviendo”.

El ritual del escritor
Al igual que todos sus libros, Allende comenzó a escribir El juego de Rippler un 8 de enero. Una tradición que se remonta a su primera novela, La casa de los espíritus. Aquella vez le fue tan bien que ha decidido no tentar a la suerte y empezar siempre ese día, aunque ahora, nos cuenta, también hay otras razones que le llevan a continuar con esa costumbre. “Empezar todos mis libros el 8 de enero me permite separar mi año, tener unos meses en los que estoy encerrada, en silencio, sola. Y como mi vida se complica mucho y todo tiende a separarme de la escritura, si no peleo esos meses para estar sola, no lo consigo (…). Luego trabajo siempre de día muy temprano en la mañana. Y trabajo muchas horas seguidas hasta que la historia está totalmente contada. Después ya puedo salir, ver gente, ir al cine, porque viene el proceso de corregir, confirmar la documentación…”.

Para la autora chilena, nacida en Perú, pero residente desde hace 26 años en San Francisco, no hay duda de que para ser escritor hay que ser disciplinado. “Para poder escribir un libro, todos los días te sientas y escribes horas y horas. La mitad de eso va a parar a la basura. No se va a usar nunca. Es como el entrenamiento de mi hijo deportista. Escribes, escribes y escribes y de ahí saldrá una página o dos".

Otro requerimiento importante es “tener orejas para las historias“, apunta Allende. “A veces, en forma despectiva, me dicen que soy una narradora. Y a mí me parece tan halagador, porque el saber qué es lo que vas a iluminar, qué es lo que vas a mantener en la sombra, qué es lo qué vas a omitir, cómo mantener la tensión, cómo conectar con el lector… Todo eso es puro oreja. Como el músico, es algo que no se puede enseñar… A los alumnos les puedes enseñar a escribir, pero no les puedes enseñar a contar".

Adaptación cinematográfica
Otro medio por el que está interesada es el cine. Algunas de sus novelas han sido ya adaptadas y no descarta que El juego de Ripper lo pueda ser, al tratarse de una novela muy visual. “Me encantaría ver en el cine cualquiera de mis libros, menos las memorias”, confiesa. Eso sí, pone una condición: “tiene que ser un productor razonable y ofrecerme un contrato razonable”.

Y es que la escritora ha tenido problemas con los derechos de cesión de La hija de la fortuna. “Los productores de Hollywood quieren los derechos para hacer la película y todo lo que se les ocurra. En el mundo que conocemos y otros mundos por descubrir. Con la tecnología que existe y la que está por inventarse”. Además, también le exigían el copyright de los personajes, de modo que si ella misma los volvía a utilizar, tendría que pagarles a ellos un royalty. “Yo no puedo firmar eso”, dice taxativamente, al mismo tiempo que anuncia que El zorro ya está medio en producción y hay un proyecto hispano-chileno para hacer una teleserie con Inés del alma mía.



jueves, 19 de julio de 2012

Cuentos completos, de Rodolfo Walsh

Periodismo en tiempos de dictadura

Mariano Oliveros


A Rodolfo Walsh se le recuerda más por su insobornable dedicación al periodismo y su beligerancia política que por sus relatos y sus obras de teatro. Por supuesto, en ello tiene mucho que ver su trágico fin, ya que la dictadura militar argentina le hizo desaparecer en 1977 (como a tantos otros, recordemos, por ejemplo, al también malogrado Haroldo Conti, coetáneo de Walsh, y autor de la excepcional Sudeste), el día después de que el escritor remitiera a los medios de comunicación su famosa “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar”, donde denunciaba la planificada toma del poder por parte de los militares y sus crímenes.

Walsh fue uno de los creadores del moderno periodismo de investigación: su reportaje narrativo Operación Masacre, que le costó años de trabajo y desvelos y donde describe el secuestro y fusilamiento, en 1956, de los civiles peronistas supuestamente implicados en la revuelta del general Valle contra la dictadura de la llamada Revolución Libertadora, encabezada por el general Aramburu, es considerado como el primer relato periodístico novelado, una historia de suspense que quizá hoy llamaríamos “thriller”.

La edición de los Cuentos completos preparada por la editorial Veintisiete Letras, que reúne de manera cronológica todos las narraciones breves de Walsh, desde los primeros y clásicos relatos policíacos (uno de los temas preferidos por Walsh), agrupados en Variaciones en rojo, hasta aquellos otros cuentos, brevísimos, con referencias ajedrecísticas, detectivescas, humorísticas o históricas, que fueron apareciendo de manera separada en revistas y periódicos argentinos bajo distintos seudónimos, nos permite apreciar de manera cabal la relevancia literaria del autor y su evolución creativa.

El extraordinario Nota al pie, una maravilla de treinta páginas que vale por toda una vida de dedicación al periodismo y la literatura, condensa las principales cualidades de los cuentos de Walsh: perfección formal (una de las grandes obsesiones de Walsh), precisión, economía de medios e implícita crítica social.

Esa mujer, otro de los relatos míticos del autor, consigue transmitirnos en tan solo ¡diez páginas!, a través de la enfermiza figura del coronel que custodia su cadáver embalsamado, la profunda huella que dejó en Argentina la muerte de María Eva Duarte de Perón (y que afectó también a Walsh, que llegó a planificar junto con Tomás Eloy Martínez, el creador de la alucinada y genial Santa Evita, la búsqueda del  cuerpo desaparecido de la “abanderada de los humildes”).


La serie de Los irlandeses, constituida por tres cuentos que describen la vida en un internado parecido a aquellos que acogieron a Walsh de niño, crea un mundo a la vez sórdido y épico, donde las luchas de los chavales entre sí y contra el sistema hostil que los acoge sirven de trasfondo a las reivindicaciones políticas del escritor. El último cuento de la serie y quizá el mejor, Un oscuro día de justicia, logra que el desazonado deseo de reparación que aflige a los internos antes los abusos de su guardián se convierta en una metáfora de la impotencia del pueblo antes los excesos de los poderosos.
Algunos de los relatos sueltos son, quizá, menos atractivos, por tratar temas muy trillados o por su formato de cuento clásico, pero, considerados en conjunto, los Cuentos completos demuestran la gran sabiduría literaria del “periodista” Walsh, lo que, para mi íntimo escarnio, constituye todo un descubrimiento.
Rodolfo Walsh
21,50 euros en papel
Editorial Veintisiete Letras
500 páginas   

lunes, 30 de mayo de 2011

Pensamiento novelado



Cuenta Pilar Reyes, directora de la editorial Alfaguara, que la primera vez que Javier Marías habló de su última obra fue en noviembre de 2009. Entonces, la describió como “una novela pesimista” y el único dato que adelantó fue que por primera vez en sus cuarenta años de carrera literaria estaba narrada por una mujer. Ahora, tras su lanzamiento a principios de abril, ya sabemos más sobre Los enamoramientos, su undécima o decimotercera novela, dependiendo si se considera una sola o no los tres volúmenes que conforman Tu rostro mañana.

Lo primero que sabemos es que la narración corre a cargo de María Dolz, la protagonista, cuya vida va a cambiar a raíz de la muerte de un hombre al que no conoce pero con el que suele coincidir en una cafetería a la hora del desayuno. Su asesinato, a manos de un desequilibrado “gorrilla”, le acercará a su viuda, Luisa Alday, y a su mejor amigo, Javier Díaz-Varela. Desde su quinta novela, El hombre sentimental, Marías ha recurrido siempre a la primera persona para narrar sus historias. 

En esta ocasión vuelve a hacerlo, pero con la diferencia de que se decanta por una voz femenina para articular el relato. El autor ha explicado que lo ha hecho por necesidad, porque la historia no hubiera sido creíble teniendo un hombre como protagonista, pero que en el fondo hace básicamente lo mismo que sus predecesores masculinos en el cargo: “Observar, contar y reflexionar”. 

Y es que, aunque una sinopsis más detallada puede llevar a pensar que estamos ante un thriller, Marías no está interesado en escribir una novela de género. Así, desde las primeras páginas, adelanta mucho de lo que ha sucedido, para centrarse en los que temas que verdaderamente le interesan: “El secreto, las ventajas de callar, la traición, la envidia, la maldad, el azar, la dificultad de conocer la verdad, la impunidad…”. Y uno que sobrevuela sobre todos ellos: la paradoja que se produce al descubrir que la muerte de un ser querido que nos destrozó puede ser incluso una tragedia mayor (“una desdicha absoluta”) si se revela años después que no se produjo. Como fondo de esa reflexión, Marías recurre a la novela El coronel Chabert, de Balzac, que cuenta la historia de un coronel napoleónico que fue dado por muerto y que reaparece años después ante su mujer, casada de nuevo al creerse viuda.


Todos esos temas conforman el barniz pesimista al que se refería el autor, pero también se debe subrayar que hay ciertos resquicio para la ironía, como cuando tira piedras contra su propio tejado al detallar lo maniáticos que pueden llegar a ser los escritores (uno pedirá dos gramos de coca a la protagonista, que a la sazón trabaja en una editorial, porque “esa noche los va a necesitar el libro” que está escribiendo) o al incluir un personaje real y tan pintoresco (o así lo describe) como el profesor Francisco Rico junto a otros de ficción. Además, también hay espacio para que los lectores que siguen su columna semanal escuchen de forma indirecta la voz del autor, por ejemplo, cuando califica a la ciudad de Madrid de negligente o compara al presidente francés con Louis de Funès.

En definitiva, Marías celebra sus 40 años de vida literaria con una novela marca de la casa, en la que las digresiones y reflexiones (incluso llegamos a escuchar las supuestas meditaciones del asesinado) trasladan a un segundo plano una trama quizás no muy original pero ciertamente entretenida. Aunque es difícil que iguale en alabanzas a las cosechadas por su trilogía anterior, la gran baza de Los enamoramientos es que resulta más accesible, y no porque sea simple, sino por la genialidad de Marías a la hora de poner sobre el papel lo que él denomina “pensamiento literario”, esa manera tan suya de pensar literariamente sobre cualquier cosa. Seguro que muchos lectores que se vieron superados por su personal Negra espalda del tiempo o por la descomunal Tu rostro mañana disfrutarán reencontrándose con esa prosa tan genuina.

Los enamoramientos
Javier Marías
Editorial Alfaguara
408 páginas
19,50 euros