martes, 3 de febrero de 2015

Miserias de la tribu literaria



A propósito de 'La mala puta', 
de Miguel Dalmau y Román Piña

Los libros de escritores sobre escritores o sobre el mundo de la edición son tan viejos como la propia literatura. El que han escrito Miguel Dalmau, conocido sobre todo por sus biografías de los Goytisolo y de Gil de Biedma, y el editor Román Piña sobre la deriva de la literatura española en los últimos 10 años es devastador.

La mala puta está escrito desde la periferia geográfica, editorial –el volumen lo publica Sloper, que dirige el propio Piña- y sentimental. De otro modo no habrían podido sacar adelante un trabajo que muestra sin tapujos las miserias y precariedades de un oficio y de una industria dominada por el conservadurismo de unos editores más pendientes del balance financiero que de la calidad literaria que pregonan, y donde son moneda corriente las obras de encargo, los premios apañados o los títulos firmados por periodistas de medio pelo, pero de gran proyección mediática y, por tanto, comercial.

Pero no queda ahí la cosa. La mala puta también pone en el punto de mira a los propios escritores, angustiados por la cuenta corriente, anegados por su ego y paralizados por sus inseguridades; y a la crítica, esa que llena suplementos literarios entregados a la promoción y el halago y que rara vez la emprende contra los autores de la casa o de los grandes grupos editoriales, a la espera de migajas en los suculentos presupuestos publicitarios. Como no podía ser menos, al caso Echevarría, paradigma último del “crítico frente al poder”, también van dedicadas algunas páginas.

La primera parte de La mala puta, la que firma Miguel Dalmau, es para mí la más sabrosa. Dalmau no duda en largar chascarrillos sobre el paternal Herralde y sus novelistas estrella, un entorno que conoce bien, y saca a relucir las miserias de las agencias literarias o la miopía (literaria) de Pere Gimferrer, padrino de Muñoz Molina o Llamazares, pero incapaz de valorar a las jóvenes promesas del mundillo literario barcelonés.

A pesar de que Miguel Dalmau nos advierte unas cuantas veces de que este libro no es fruto del resentimiento que le generó el hecho de no poder sacar hace unos años una biografía desmitificadora de Julio Cortázar (los abogados de la viuda del escritor lo impidieron), su discurso suena a duro a ajuste de cuentas. En todo caso, no cuesta aceptar que algo huele a podrido en el mundo de las letras y que los testimonios de Dalmau y Piña tienen su interés. 

Nunca estuvo la cosa para experimentos, pero mucho menos ahora, nos vienen a decir los autores de este réquiem por la literatura española. Para certificar el conservadurismo de los editores y la incapacidad de la propia industria editorial para renovar la nómina de los grandes autores, basta echar un vistazo al Babelia, el suplemento de literatura de El País, que cada sábado –lo reconozco- leo puntualmente. A finales del año pasado el suplemento de marras sacó el listado de las mejores novelas del año. La nómina era bien indicativa: Javier Marías, Javier Cercas, Luis Landero y Antonio Muñoz Molina... Ni rastro de aire fresco en ese particular olimpo, y otra vez una apuesta clara por las marcas de la casa, las denominaciones de origen más laureadas y rentables.

La consecuencia de tanto conservadurismo: que aquellos que pueden renovar el panorama, los nuevos Marsé o Mendoza o Vila-Matas, no tienen hoy opciones de prosperar. Para Ramón Piña, el último capítulo de una edición valiente en España es la irrupción de la “generación Kronen” en los noventa, al calor del Premio Nadal que recibió José Ángel Mañas. Una generación que, pasado el efecto sorpresa inicial, luego se las vio y se las deseó para seguir publicando y que hoy en su mayor parte malvive con la literatura o simplemente la dejó aparcada en el cajón.


Pedro Maestre (Premio Nadal en su momento), Pedro Ugarte, Marta Sanz, David Torres o Montero González acompañan en esta radiografía del fracaso a Mañas, momentáneo 
enfant terrible de las letras españolas que despertó más expectativas que otra cosa y que hoy se gana la vida con trabajos de encargo, triturado por una fama repentina y por un mundo editorial lleno de sueños, pero también de olvido.    

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