domingo, 4 de noviembre de 2012

La estafa intelectual de John Banville



A propósito de Muerte en verano, de John Banville/Benjamin Black



Mariano Oliveros

El irlandés John Banville es uno de los más famosos escritores actuales en lengua inglesa. Mimado por la crítica y muy popular en Gran Bretaña, John Banville dispone de unos recursos literarios excepcionales, no hay ninguna duda. Su prosa resulta siempre elegante, aguda y precisa, y sus metáforas son muchas veces sorprendentes, por originales y atrevidas. Por otro lado, controla magistralmente los tiempos y las escenas y, mediante un gran amor por el detalle, consigue que los cabos estén siempre bien atados, nunca permite que sus personajes se le desmanden.

Puede que esta última “virtud” sea, al cabo, el defecto que me aleja de sus obras, que encuentro frías. Las pasiones que aparentemente devoran a los protagonistas no me llegan, me parecen impostadas y falsas. La bien armada estructura literaria de las obras de Banville, al fin, no consigue reconciliarme con su falta de empatía, con su alejamiento de lo que escribe. Ni en su versión más “seria”, la del El mar Los infinitos, ni en el lado más oscuro y liviano que suscribe su alter ego, el Benjamin Black de El Secreto de Christine o En busca de April, logra conmoverme…

John Banville/Benjamin Black nos ofrece, en la última entrega de las andanzas del dipsómano Quirke, lo más puro de su interpretación del género policíaco  para bien y para mal. La trama de Muerte en verano (editorial Alfaguara) discurre en buena medida por caminos muy conocidos. El aparente suicidio de un millonario, las sospechas que, sabiamente, deja el autor sobre su entorno personal, las dudas e investigaciones del investigador aficionado Quirke, nos resultan muy familiares. Sólo poco a poco percibimos que no se trata de una novela negra canónica, sino, como es costumbre en Benjamin Black, más bien una suerte de juego literario perfeccionista sobre la base del modelo del género.

En esta ocasión, el estilo depurado del autor resulta especialmente acertado y las páginas se devoran sin esfuerzo, en busca de la solución del misterio y del resultado de los devaneos del protagonista. Sin embargo, en un determinado momento el hilo argumental que nos guiaba se acaba si pena ni gloria y la novela se dirige a su conclusión sin que logremos recuperar el interés, pecado capital no ya en el género que recrea sino en cualquier obra literaria.

No creo en las reglas de la novela negra, o, más bien, creo que están para romperlas, retorcerlas o burlarse de ellas por cuanto cada obra literaria sólo se atiene a su propia lógica interna, de forma que su resultado estético es lo único que importa. En ese sentido, al extrañamiento que, como siempre, me trasmiten los personajes de las historias de Banville, se añade el que no me gusta cómo está resuelta la trama de Muerte en verano, me produce un sentimiento de estafa intelectual que arruina todo el conjunto y no tanto porque se aleje del canon sino porque es incoherente con el desarrollo argumental.

En suma, Muerte en verano es un entretenido divertimento durante muchas páginas y, a la postre, una novela fallida, aunque, como siempre en Banville, los párrafos que la componen estén muy bien escritos. 




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