miércoles, 20 de septiembre de 2017

¿Por qué los chicos buenos acabaron poniendo bombas?


A propósito de la lectura de
'Armas de seducción masiva', de Javier Lesaca
Uno se pregunta por qué en los últimos años muchos chavales de familias acomodadas de todo el mundo han acabado sirviendo al Estado Islámico y atentando de forma indiscriminada contra civiles en ciudades de Europa, o en la propia Siria o Irak. O cómo decenas de miles de profesionales de todo el planeta, entre ellos médicos, arquitectos, ingenieros o economistas, han dejado todo para servir a los intereses del Califato que ha gestionado, desde el terror, el autoproclamado estado que dirige Abu Bakr al-Baghdadi.


El navarro Javier Lesaca, profesor de la Universidad de Navarra e investigador de la Universidad George Washington, aporta bastante luz sobre esta cuestión en un libro que lleva por título Armas de seducción masiva. Para escribirlo, Lesaca ha analizado los más de 1.300 vídeos producidos y difundidos por el aparato mediático del Estado Islámico desde que, en el verano de 2014, el vídeo de la ejecución del periodista británico James Wright Foley se hiciera viral en la red.


En una década, la propaganda yihadista se ha refinado hasta extremos impensables. Muy lejos quedan aquellos vídeos en que se veía a un Osama Bin Laden provisto de un fusil hablando desde una cueva sucia y mal iluminada de algún lugar sin determinar de las montañas de Afganistán. Lesaca nos cuenta cómo alrededor del Estado Islámico han aflorado decenas de productoras que han sido capaces en estos últimos años de construir un relato atractivo a base de revistas e infografías de cuidado diseño, pero sobre todo de vídeos de factura intachable, protagonizados en muchos casos por jóvenes sonrientes y desenfadados, y con un toque hipster.


El Estado Islámico ha creado un relato audiovisual donde la violencia más espeluznante queda banalizada y neutralizada por esmerados montajes, cargados de referencias a películas de Hollywood, series de éxito y conocidos videojuegos como Call of Duty. En definitiva, los propagandistas del Califato han creado un universo adaptado a los gustos de las audiencias occidentales y con el que, según Lesaca, se han identificado muchos jóvenes desencantados y frustrados de todo el mundo, convencidos de que poner bombas o atropellar en una calle a una multitud puede ser algo cool, una experiencia excitante. “El terrorismo, por primera vez en la historia, es bello, moderno y familiar”, dice Javier Lesaca en un momento del libro.

La sofisticación del relato y el manejo de las redes sociales ha permitido al Estado Islámico llegar a audiencias masivas sin recurrir a los medios de comunicación tradicionales. Por el momento, la batalla la van ganando los terroristas en el terreno de las conciencias. Lesaca cree que las democracias tendrán desde ya mismo que construir un contradiscurso que desenmascare esa aventura de terror y vacuidad que proponen los extremistas. Poner la democracia y la libertad de moda de nuevo será la mejor forma de combatir en el largo plazo este terrorismo suicida, aunque eso exigirá que los dirigentes occidentales se lo crean, que cambien las prioridades y que armen una historia convincente. Eso sí, Lesaca pronostica que la guerra por las conciencias será mucho más larga que la que tiene lugar en el campo de batalla real, en esa frontera difusa de Siria con Irak.     

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